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Qué es la huella de carbono y cómo calcularla.

Cómo calcular la huella de carbono

Existen infinitas formas y ejemplos que rápidamente y sin definiciones concretas, nos harían entender qué es la huella de carbono

Tanto es así que prácticamente todo lo que hacemos en nuestro día a día, tiene una repercusión directa y asociada a modo de impacto medioambiental en el mundo y en el medioambiente. Cada vez que vamos a trabajar, arrancamos el coche, encendemos la televisión o el ordenador, cargamos nuestro teléfono, etc.

En este sentido, todos estos ejemplos de huella de carbono, tienen su reacción medible en términos de emisiones de CO2 y otros gases de efecto invernadero. Esto precisamente es lo que hace que todos nosotros seamos partícipes y responsables, en cierto modo, del sobrecalentamiento de nuestro planeta. 

Y es que toda actividad humana y sus emisiones, son el motivo de la gran aceleración que ha experimentado el cambio climático tal y como nos viene advirtiendo la Organización de las Naciones Unidas (ONU) a través de sus Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) a los cuales no sólo debemos poner atención como sociedad sino también a título individual.

Y una vez dicho esto, ahora sí, definamos concretamente qué es la huella de carbono, uno de los conceptos más importantes dentro de la sostenibilidad y la lucha a favor del medioambiente

¿Qué es la huella de carbono?

Año tras año, la Organización Mundial de la Salud nos informa de que uno tras otro, se baten nuevos récords de concentración de gases de efecto invernadero en la atmósfera.

Pero, ¿a qué se debe este creciente rastro de gases de efecto invernadero (GEI)? Pues como apuntábamos anteriormente, principalmente a nuestras actividades humanas; acciones personales, empresariales, productos que consumimos, alimentos, el creciente turismo y su impacto global… 

Y a todo ello, en términos generales, se le conoce como huella de carbono. 

Un indicador ambiental que mide las emisiones de individuos y empresas, tanto directas como indirectas, de compuestos como el metano, el óxido de nitrógeno, etc. Y, sobre todo, aquel del que siempre hablamos y que más ha contribuido al calentamiento global: el dióxido de carbono o CO2.

Por todo ello, podemos definir la huella de carbono como el impacto medioambiental en términos de emisiones de gases de efecto invernadero, que produce cualquier actividad humana sobre el planeta.

La huella de carbono personal

Como ya sabemos, la huella de carbono nace como una medida para cuantificar el impacto en el medioambiente que cualquier actividad o proceso tiene sobre el cambio climático. Y por supuesto, aquí también entra la huella de carbono personal, es decir, la huella de carbono de cada uno de nosotros: al desplazarnos, alimentarnos, consumir productos, energía, etc. 

Algo que según la ONG ambiental The Nature Conservancy, se estima en una media de casi cuatro toneladas anuales de CO2. ¿Casi nada eh?

Por ello, expertos en ecología y sostenibilidad de todo el mundo sostienen que reducir nuestra huella de carbono personal es una de las formas más eficientes no sólo de no contribuir a agravar el cambio climático, sino incluso de paliar notablemente sus efectos adversos.

Huella de carbono en las empresas

Por supuesto, de la misma forma que ocurre en las personas, las organizaciones, empresas y entidades de cualquier índole y sector, también producen gases de efecto invernadero en cada una de sus actividades diarias. 

A esto se le conoce como huella de carbono de empresas o huella de carbono corporativa y trata de medir todas las emisiones GEI de las empresas y su alcance o repercusión en el planeta así como definir la mejor forma de reducirlas o minimizarlas. Pero, ¿cómo? 

  1. Mejorando su eficiencia energética.
  2. Consumiendo energía 100% renovable.
  3. Invirtiendo en proyectos medioambientales.
  4. Abonando impuestos verdes.
  5. Contribuyendo a la compra de CO2 en el mercado internacional de emisiones.

¿El resultado? Cuanto más eficiente sea una empresa, mayor incentivos tendrá a nivel institucional y además experimentará ventajas competitivas como una mejor optimización de sus procesos productivos y en el uso de materias primas. Y así hasta conseguir el mayor de los logros: convertirse en una empresa con huella de carbono cero o neutra.

Huella de carbono de un producto

La huella de carbono de un producto o servicio concreto viene determinada por el impacto medioambiental que supone su creación, transporte, consumo y también la vida útil del mismo

De esta manera, su huella y por tanto su contaminación GEI, se mide desde la obtención de las materias primas que lo conforman, el procesado, la producción y la distribución hasta la etapa de uso y su transformación en residuo

Asimismo, podemos también definir como producto a un evento como por ejemplo, los conciertos, espectáculos o competiciones deportivas. En estos casos, la huella de carbono engloba a todos los subproductos que conforman los mismos y se consumen en ellos, así como la huella de carbono personal de cada uno de los asistentes: desplazamientos, basuras, consumo de alimentos, de energía, etc.

Cómo calcular la huella de carbono

Para calcular tu huella de carbono personal basta con hacer un recuento sencillo de nuestras actividades cotidianas y utilizar una de las muchísimas herramientas y calculadoras gratuitas que existen hoy día en Internet.

Por aquí te dejamos enlace a las más importantes:

Además, a media y gran escala, y también a nivel internacional, existen diferentes protocolos y directrices para el cálculo de la huella de carbono en función al alcance y repercusión de la misma, como por ejemplo: 

  • La metodología del IPCC (del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático). 
  • El PAS 2050 o el GHG Protocolo Estándar.
  • O la ISO 14064.

Asimismo, para las organizaciones se diferencian tres tipos de emisiones

  • Emisiones directas o de Alcance 1: son los gases emitidos de forma directa por ejemplo en el uso de combustibles fósiles, pérdidas de gases refrigerantes o reacciones químicas durante la fase de producción.
  • Emisiones indirectas: son los gases de efecto invernadero emitidos por el productor de la energía requerida por la organización y dependen tanto de la cantidad de energía requerida como del origen energético de la misma.
  • Otras emisiones indirectas: atribuibles a productos y servicios adquiridos por la organización y a sus emisiones al ser producidos.

En cualquier caso, sea a título personal o como organización, la medida y por tanto el cálculo de la huella de carbono vendrá principalmente establecida de la cantidad de dióxido de carbono emitida a la atmósfera en el desarrollo de su actividad. Y esta unidad de medida, a su vez, se cuantificará en términos de toneladas o bien gigagramos, es decir, el equivalente a 1000 toneladas.

Pero, ¿cómo se calcula realmente la huella de carbono de una actividad concreta? Es sencillo: el resultado o total se obtiene de multiplicar el dato de consumo de energía de la actividad en sí por su correspondiente factor de emisión. Es decir, la cantidad de gases de efecto invernadero que produce. 

Un dato que se obtiene a través de los factores de emisión de los principales combustibles requeridos en dicha actividad así como las fuentes de donde se han obtenido y que se establecen en el Inventario Nacional de Gases de Efecto Invernadero.

Entonces, ¿cómo reducir tu huella de carbono personal y a título individual? Toma nota de los más importantes y sobre todo, no dejes de aplicarlos en tu día a día hasta que se conviertan en tus nuevos hábitos. ¡Esa es la clave! 🙂

10 consejos para reducir la huella de carbono

1. Reduce al mínimo tu consumo de plásticos

Para elaborarlo se utilizan energías no renovables emitiendo 3,5 kg de CO2 por kg de plástico fabricado. ¿Soluciones? Bolsa de tela, botella reutilizable o termo y productos a granel, ¡los 3 imprescindibles!

2. Come más alimentos vegetales y menos alimentos animales

Sólo en nuestro país, cada persona emite de media unos 1.130,70 kilos de CO2 cada año según se estima y extrae de los datos de consumo actual de alimentos de origen animal.

3. Expulsa de tu hogar el consumo fantasma

Desconectar todos los aparatos eléctricos de tu casa que no estés utilizando, puede suponer un ahorro de luz anual de entre el 5% y el 20% reduciendo la demanda de energía y haciendo que tus emisiones de CO2 también bajen.

4. Pon más plantas en tu vida

Algunas como el ficus o el helecho nido de ave, son capaces de absorber más del 10% de CO2 del ambiente en sólo 24 horas contribuyendo así, a paliar el cambio climático mientras llenan de vida tu hogar.

5. Cámbiate a una compañía que sólo ofrezca luz 100% renovable

Las renovables son las únicas que no emiten gases de efecto invernadero en sus procesos de generación de energía. Por eso son la solución verde, limpia y más viable frente a la problemática medioambiental.

6. Revisa periódicamente el estado de tus electrodomésticos

Detalles a priori insignificantes como un filtro ligeramente obstruido en tu lavadora o exceso de hielo o bolsas en tu congelador pueden hacer que el consumo se dispare y por tanto, la huella de CO2 de tu hogar, también suba.

7. Elige turismo sostenible en tu próxima escapada

Según un estudio de la Universidad de Sydney, el turismo supone un 10% del total de las emisiones de gases en todo el mundo. De ahí la importancia de replantearnos nuestra manera de viajar eligiendo opciones sostenibles y eco friendly.

8. Practica más el kilómetro cero

Compra local, productos de cercanía, de mercado, ¡es lo mismo y es lo mejor! Porque además de apoyar a un sector que lo necesita más que nunca, podrás contribuir así a reducir tu huella de CO2.

9. Mantén una temperatura eficiente todo el año

Si tienes termostato en casa, tienes que apuntar dos temperaturas claves para reducir tu consumo de energía y por supuesto, tu huella de CO2: 21ºC en invierno y a 25ºC en verano.

10. Pásate a la tecnología LED en tu hogar

La iluminación LED utiliza de media un 40% menos energía que los fluorescentes y un 80% menos que los incandescentes para producir la misma cantidad de luz y eso mismo es lo que podrías ahorrar y ahorrarle al planeta en CO2.

Y a ti, ¿se te ocurre alguna otra forma de reducir tu huella de carbono en el planeta y contribuir así a paliar el cambio climático? Adelante, ¡es el momento de actuar! 😉

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