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¿Cuál es la huella de carbono en el turismo?

Huella de carbono de un avión

¡Por fin es verano! 

Y después del año que llevamos encima… Las ganas de escapar, salir, desconectar, en definitiva, de volver a viajar, son, si cabe, mayores incluso que las del verano pasado. Porque como dijo Richard Burton, “el momento más alegre en la vida humana es la partida hacia tierras desconocidas”.

Lo que no nos es tan desconocido —por desgracia—, es aquello que encontramos con el término “huella de carbono en el turismo” y que, sentimos decirlo así, es la consecuencia plena y directa de las ganas de viajar de tantas y tantas personas a la vez. Sí, incluidos tú y yo, todos.

¿La parte positiva? Ya se está trabajando desde Naciones Unidas y otros organismos internacionales para paliar los efectos del turismo masivo, especialmente el que conlleva desplazamientos aéreos, pero también del resto de transportes, del consumo de comidas y preparados, las compras, el alojamiento… Porque TODO tiene su impacto en el medioambiente, y en la denominada huella de carbono.

En este sentido, son ya 193 los países pertenecientes a la ONU que han firmado su compromiso con la Agenda 2030 sobre desarrollo sostenible ratificando así los 17 objetivos establecidos en 2015 y que persiguen la igualdad entre las personas, la protección del planeta y el fomento de su prosperidad. 

Y es que por fin, la lucha contra la huella de carbono 2021, ha sido entendida como un problema y solución de TOD@S, y en el que TOD@S, para bien y para mal —emitiendo continuamente CO2 al planeta pero también cambiando nuestros hábitos de consumo hacia otros menos contaminantes— tenemos un papel activo y crucial como individuos y finalmente, como sociedad.

Pero antes de empezar, expliquemos mejor qué es la huella de carbono o huella de CO2. ¿Continuamos? ¡Adelante!

¿Qué es la huella de carbono?

La huella de carbono no es más —ni menos— que el indicador, expresado en CO2, que nos dice la cantidad de emisiones de gases de efecto invernadero (GEIs) que están siendo liberadas a la atmósfera como consecuencia del desarrollo de cualquier actividad.

De esta forma, no sólo podemos saber cuánto estamos contaminando nuestro medioambiente, sino que además, podemos identificar perfectamente las fuentes de emisiones más activas y de esta manera, activar medidas de reducción de emisión de gases de efecto invernadero concretas y sobre todo, efectivas.

Y entonces (te preguntarás), si es tan sencillo, ¿por qué seguimos arrastrando el mismo problema desde hace ya décadas? He aquí el sino del ser humano. Sabemos lo que hay que hacer y cómo hay que hacerlo, pero, no lo hacemos como deberíamos.

Las actividades humanas, en gran medida, siguen girando en torno al uso de combustibles fósiles como gas, petróleo o carbón y, al hacerlo, emitimos gases como dióxido de carbono, metano, butano. Y efectivamente, son estas emisiones de efecto invernadero —entre muchas otras, como el consumo cárnico por ejemplo— las que provocan el incremento de la temperatura de nuestro planeta y todas sus ya sabidas consecuencias.

Sin embargo, parece que los números funcionan mejor que las palabras a la hora de concienciar a la población sobre el grave riesgo que corre nuestro medioambiente si no nos ponemos las pilas —recargables siempre, claro—. 

Por eso, aquí van los más destacados… 

El turismo y la huella de carbono: algunos datos

¿Es el turismo el principal desencadenante del aumento de la huella de carbono? No. ¿Tiene el impacto suficiente como para influir en la reducción de la huella de carbono en el planeta? Sí, sin duda.

Veamos algunos datos generales para hacernos una idea del contexto en el que nos hayamos a la hora de hablar de efecto invernadero, calentamiento global o huella de carbono:

  • Según Naciones Unidas, 2019 fue el 2º año más caluroso de la historia y marcó el final de la década más calurosa (2010-2019) jamás registrada.
  • Sólo entre 2012-2017, la Antártida perdió 219 mil millones de toneladas de hielo al año, provocando que el nivel del mar aumentase unos 0.6 mm cada 12 meses. 
  • Los niveles de dióxido de carbono (CO2) y de otros gases de efecto invernadero en la atmósfera aumentaron hasta niveles récord en 2019.
  • Entre 1880 y 2012, la temperatura media mundial aumentó 0,85 grados centígrados.
  • Entre 1901 y 2010, el nivel medio del mar aumentó 19 cm por la expansión de los océanos debido al calentamiento y al deshielo. 
  • La extensión del hielo marino del Ártico se ha reducido en los últimos decenios desde 1979, con una pérdida de hielo de 1,07 millones de km2 cada decenio.

¿Y con respecto al turismo? 

  • Sólo en 2015 se desplazaron hasta 1.200 millones de personas.

(No más datos, por favor).

Sin embargo, hay esperanza. Todo depende de nosotros. Porque con muy muy poco, como ya anuncia la satírica pero súper efectiva “Guía de los vagos para salvar el mundo”, hasta desde el sofá, podemos hacer mucho más de lo que nunca imaginaríamos.

Y también en nuestros viajes. Toma nota:

Huella carbono de un avión

Inciso— ¿Sabías que existe una calculadora para averiguar tu huella de carbono avión y en otras muchas actividades cotidianas? Check!! 

Según la prestigiosa revista Nature, el turismo global representa el 8% de las emisiones totales de gases de efecto invernadero en el mundo, cuatro veces más de lo que se creía. Y como era de esperar, el avión se encuentra a la cabeza de estas emisiones. 

Por lo tanto, es sencillo: viajemos más utilizando menos el avión. Porque, aunque no lo creamos, a veces, la mayor medida que uno puede tomar para reducir las emisiones es viajar de manera diferente.

Y para corroborarlo, pasamos al siguiente bloque con un par de datos: 

  1. A nivel mundial, casi 900 millones de toneladas de CO2 son producidas únicamente por los vuelos.
  2. Un viaje en Eurostar de Londres a París —el tren es el medio de transporte más sostenible— emite un 90% menos de emisiones de carbono que un vuelo.

Huella carbono de los hoteles

Hoy día, cada vez son más las grandes cadenas hoteleras pero también los pequeños hoteles y propietarios particulares, que han empezado a preocuparse de manera activa y consciente sobre cuáles son sus emisiones y cómo podrían paliarlas.

En este sentido, destacamos —ahora que aún es fecha y apetece caminar con fresquito— la iniciativa en ecoturismo desarrollada a lo largo de los diferentes caminos a Santiago de Compostela, conocida como ecoalberques y que precisamente buscan esto: causar el menor impacto posible en el lugar natural y ecosistema en el que se encuentran.

Otros, como la casa rural Ochardinet o el hotel Tigaiga, por ejemplo, tienen su sección “huella carbono hoteles” en sus webs. Y por último, mencionar el caso de todo un referente en la materia como es Fuerte Group Hotels, con hoteles y apartamentos en Málaga, Cádiz, Huelva e Ibiza, y que ha logrado reducir su huella de carbono en un 23% sólo entre 2013 y 2018.

Por eso, si estás pensando en viajar y te vas a alojar fuera de casa —o de tu furgo ;)— te invitamos a que filtres tu búsqueda incluyendo hoteles, hostales o apartamentos con distinción “ecofriendly”, porque además —buenas noticias— cada vez son más y mejores 🙂

Y hablando de mejorar… 

¿Qué puede hacer el sector turístico para reducir su huella de carbono?

Sabemos que la industria hotelera es una de las que más ha evolucionado en los últimos años para adaptarse a unos objetivos de sostenibilidad más ambiciosos. Sin embargo, es cierto, todavía podrían reducir aún más sus emisiones de CO2. ¿Cómo?

  • Ofreciendo billetes y estancias a un precio mayor que incluya un donativo para compensar la huella de carbono de ese viaje. 
  • Desarrollando más proyectos de responsabilidad medioambiental vinculados a la sostenibilidad en pro de lograr una huella de carbono neutra en el turismo
  • Trabajando en el desarrollo de biocombustibles (a base de algas y otras materias orgánicas), que sirvan para abastecer tanto medios de transporte como necesidades energéticas de alojamientos y otros servicios hoteleros.
  • Modificando los fuselajes de los aviones para que sean más aerodinámicos lo que logrará un ahorro de entre el 3% y el 7% del consumo de combustible.
  • Creando vertederos propios para los residuos que producen e invertir en la reutilización energética de los mismos para la creación, por ejemplo, de biogás.

Pero estos, son sólo algunos ejemplos de lo mucho que a la industria del turismo le queda por hacer y avanzar hasta compensar sus emisiones y alcanzar un impacto cero de CO2

Pero, ¿y nosotros como individuos? —Y turistas, claro—.

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